El dolor de Paraguay, el dolor de Rafael Barret, el dolor del periodismo

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El periodismo como denuncia del dolor de los desfavorecidos fue la máxima de Rafael Barrett (1876-1910) y a su vez la causa de su propio dolor: el de un periodista comprometido que en Paraguay fue perseguido por sus artículos y por la fatalidad, al contraer la tuberculosis que le llevó a la muerte.
Una vida corta, como su obra, que es recogida ahora en novela por el escritor y periodista paraguayo Alcibiades González, presentada esta semana en Asunción bajo el título de “El dolor de Barrett”.
El título juega con el “Dolor Paraguayo”, la recopilación de algunos de los artículos de Barrett, amigo de Ramón María del Valle-Inclán y de otros escritores de la Generación del 98 español.
González, Premio Nacional de Literatura, recupera de esta manera a quien considera “el español más influyente de la cultura paraguaya”, alguien que dejó en España un pasado hedonista y que tuvo su caída del caballo en Paraguay, donde se bautizó de esa conciencia social que fue su sello.
La novela narra la llegada de Barrett a Paraguay, enviado por un diario de Buenos Aires para cubrir la revolución que en 1904 llevó al poder a los liberales.
Barrett se sumó a los revolucionarios y se quedó a vivir en un país donde se ganó la vida como periodista y como agrimensor, al tiempo que descubrió las atávicas injusticias de los trabajadores de las plantaciones de yerba mate.
Ese descubrimiento es el eje de los artículos en los que denunció las condiciones de vida en esas plantaciones, donde el trabajador estaba obligado a pagar con su sueldo la alimentación y el alojamiento.
Con lo que en la mayoría de los casos terminaba adeudado con la empresa a modo de una cadena perpetúa.
“El gran acierto de Barrett fue escribir sobre ello cuando los diarios de la época no publicaban ese tipo de contenidos (…) Fue el primero que lo hizo”, indicó González.
Barrett fue además un anarquista que creía en la igualdad y en el cambio social, y que se implicó en Paraguay dando charlas y conferencias a obreros y líderes sindicales.
Esas actividades y su periodismo de denuncia fue el que se volvió en su contra, al verse abandonado por el círculo de políticos e intelectuales con los trabó amistad a su llegada al país.
Y le pasa factura a partir de 1908, cuando Albino Jara se hace con las riendas del Ejército para luego dar un golpe de Estado.
Jara es quien ordenó su arresto y luego su expulsión de Paraguay, donde ya se le habían cerrado las puertas del periodismo.
“Jara se hizo el dueño del país. Barrett le criticaba y este le hizo apresar y torturar (..) Siempre tuvo problemas con la autoridad atolondrada y tenebrosa de Jara”, dijo González.
Se refugió entonces en Montevideo, donde desempeñó una labor periodística que sí fue reconocida en Uruguay, pero estaba ya perforado por la tuberculosis.
En busca de un clima más cálido y benefactor vuelve a Paraguay, donde se oculta hasta que se levanta su orden de confinamiento; pero la mala salud le obliga a buscar tratamiento en Francia, donde murió a los 34 años.
De ese recorrido quedan los cuatro tomos que recogen sus trabajos, artículos y ensayos de brillante vena literaria.
“Son artículos periodísticos fundamentalmente literarios, el de un periodismo del siglo XIX”, dijo González.
El escritor destacó además que Barrett fue capaz de llevar a cabo esa obra de “forma lúcida y perseverante” en sus “momentos más difíciles”.
“Dio una lección increíble de moral y coherencia con sus principios hasta el final. Necesita ser recuperado, es imprescindible hoy por su preocupación social”, reiteró González, uno de los pioneros en Paraguay del periodismo de investigación.
En ese sentido, González señaló a Barrett como el prototipo de lo que, a su juicio, debe de ser un periodista: “No se entiende un periodista que sea indiferente con el dolor de su país”.
En el contexto paraguayo, González piensa que Barrett, de estar vivo, sentiría el mismo dolor que cuando pisó Paraguay por vez primera, ante la actual situación de pobreza y otras deficiencias como las de salud o educación.
La existencia de esos flagelos son también los que dan pervivencia a Barrett, como sentencia González en el prefacio de la novela: “cuando quiero saber lo que pasa en Paraguay, leo a Rafael Barrett”.