Paraguay se dispone a votar a su nuevo presidente todavía con el eco del único debate televisado entre los dos principales contendientes, el oficialista Mario Abdo Benítez y el liberal Efraín Alegre, un cara a cara que no cumplió las expectativas y que se vaticina no tendrá reflejo en las urnas. El debate, celebrado la noche del domingo en el Banco Central del Paraguay y televisado a todo el país, mostró a dos candidatos sin la empatía y el carisma para seducir a quienes no tienen claro a quién votarán el próximo 22 de abril.

A Abdo Benítez, el candidato del gobernante Partido Colorado, se le notó rígido y envarado, mientras que a Alegre, que lidera la alianza opositora Ganar, ofuscado y propenso a golpes de efecto como la exhibición de una bandera paraguaya, hecho que le fue recriminado por uno de los moderadores, puesto que las reglas del debate impedían ese tipo de gestos. Los candidatos tampoco entraron en el cuerpo a cuerpo y tan solo Alegre se permitió algún ataque directo a su contrincante como la pregunta que le hizo sobre el monto de su patrimonio.

Además, en los grandes temas del debate, dividido en cinco áreas temáticas, mostraron coincidencias programáticas solamente diferenciadas por su distinta manera de comunicarlas a la audiencia y al público que se congregó en el Banco Central. Apenas difirieron en el bloque sobre política impositiva en Paraguay, que con cerca de 7 millones de habitantes tiene 769.143 contribuyentes registrados y obtiene la mayor parte de sus ingresos tributarios a través de los gravámenes indirectos, según los datos oficiales. Alegre se mostró partidario de que el Impuesto a la Renta Personal sea más justo y que aporte más quien más gana, mientras que Abdo Benítez apostó por ampliar las base contributiva y aumentar las recaudaciones, aunque marcó un tanto con su contundente promesa de eliminar la evasión fiscal.

Otra notoria similitud estuvo en la reestructuración del Poder Judicial mediante una reforma de la Constitución como forma de crear seguridad jurídica y atraer la inversión extranjera.
Ambos consideraron urgente despolitizar la Justicia, muy desacreditada en el país, y arrancar de cuajo la corrupción institucional. También se manifestaron por la mejora de la educación y aplicar una inversión en el sector que alcance el 7 % del producto interno bruto (PIB), como recomienda la Unesco, frente al 4,5 % del PIB actual. Fue Alegre el que tuvo alguna disonancia cuando reiteró, al principio del debate, su promesa de reducir la tarifa eléctrica, y al final, cuando azuzó a Abdo Benítez con el impuesto al tabaco, un proyecto frenado en el Congreso por el Partido Colorado.

De acuerdo con el analista Alfredo Boccia, y utilizando un símil boxístico, Alegre ganó el debate a los puntos, si bien subrayó que se quedó cortó y que como candidato de la oposición debió de haber sido más agresivo y directo. “Quizá haya ganado a los puntos (Alegre), pero necesitaba un KO (nocaut) y no lo consiguió”, dijo Boccia a Efe. Añadió que los dos candidatos proyectaron escasa elocuencia y poca preparación para afrontar un duelo cuya fórmula había sido acordada con antelación. “Faltó ensayo, sentimiento, un equipo asesor. Daba la impresión de que eran dos muchachos que llegaron a un examen sin preparación”, señaló. No obstante, Boccia estimó que esa comparecencia televisada no tendrá consecuencias en la intención de voto.

“No tendrá efecto electoral porque tradicionalmente en el país los debates no influyen, y menos si son tan monocordes y aburridos”, opinó. Las dos encuestas de más impacto hasta la fecha, las divulgadas por los diarios ABC Color y Última Hora, dan como amplio ganador a Abdo Benítez, con una ventaja promedio de 25 puntos sobre Alegre. Ambas encuestas anuncian además una derrota liberal en la mayoría de los 17 departamentos del país, incluido Central, el de mayor caudal de votos y tradicional feudo liberal. De las elecciones también saldrá un nuevo Congreso, la otra gran batalla de los comicios, con el actual presidente, Horacio Cartes, como número uno en la lista del Senado por el Partido Colorado.