Asunción, 11 dic. – La mayoría de los países de Suramérica dedican un porcentaje “ínfimo” de sus recursos sanitarios a salud mental, algo que contrasta con la admisión generalizada de que una buena salud mental es clave en el camino hacía un desarrollo sostenible, según expresó a Efe el doctor Andrea Bruni, de la OPS/OMS.

“En Sudamérica estamos hablando aproximadamente del 2,1 % en promedio del presupuesto total de salud que se dirige a salud mental”, explicó Bruni, asesor regional en ese campo de la OPS/OMS tras participar en un encuentro sobre discapacidad psicosocial organizado en Asunción por la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECID).

El experto añadió que de ese porcentaje, el 65 % aproximadamente va a hospitales psiquiátricos, de forma “que queda muy poco para iniciativas a nivel comunitario que tienen la capacidad potencialmente de reducir la brecha de tratamiento”.

Según Bruni, se trata, además de un porcentaje utilizado de forma no racional, precisamente por ese destino a las instituciones mentales.

“La mayoría de este pequeño porcentaje que se dirige a salud mental se dirige de hecho a hospitales psiquiátricos, instituciones de larga estadía que no tienen la capacidad de reducir por un lado la brecha de tratamiento, que es muy grande.Y por el otro lado están asociadas con violaciones gravísimas de los derechos de las personas”, dijo.

Ello pese a que se concede, según Bruni, que la salud mental tiene mucho para contribuir al objetivo número tres de la Agenda 2030 de la ONU para el Desarrollo Sostenible, el de garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades.

“Salud mental virtualmente está posicionada en una situación donde virtualmente pude contribuir a cada uno de los 17 ODs en la agenda de desarrollo sostenible. Salud mental tiene un papel muy grande que puede jugar en por ejemplo reducir el tema de la pobreza, que es el ODS1”, observó.

Al respecto, Bruni opinó sobre lo estudios que realizan algunos países para instalar indicadores sobre el bienestar e incluso la felicidad.

“Hay países que trabajan en esta dirección. Creo que por supuesto la salud mental y el bienestar están relacionados de una manera muy estrecha por definición.Claro que una buena salud mental va a favorecer por supuesto un bienestar”, indicó.

PREVENCIÓN Y HÁBITOS

Bruni se refirió también al impacto “grande” que tiene las crisis políticas y sociales como las que viven muchos países de la región en la salud mental de la población, tanto a nivel individual como familiar.

Pero también a la necesidad de afrontar que muchos trastornos mentales empiezan a partir de la niñez y de la adolescencia.

“Es muy importante brindar intervenciones apropiadas para abordar la salud mental en estas primeras etapas de la vida.Estamos hablando de trastornos de la niñez pueden ser neurológicos o del espectro autista o en la adolescencia puede ser la depresión”, indicó.

Y agregó que tampoco se puede obviar el suicidio como un problema que se da en ese periodo adolescente.

Bruni aludió también a la necesidad de identificar condiciones frecuentes como el consumo nocivo de alcohol o de otras sustancias que no siempre se detectan, y desde la atención primaria no especializada.

Pese a su aseveración de que en la región “los recursos que se identifican en salud mental siempre son muy escasos”, Bruni dijo que la situación en Suramérica es muy diversa.

“Hay países que están trabajando más fuerte, en reformas de salud mental, que están estableciendo y fortaleciendo servicios de salud mental basados en la comunidad”, indicó.

El encuentro en el que tomó parte Bruni reunió a expertos de la Organización Panamericana de la Salud/ Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS) y a organizaciones de apoyo a las personas con discapacidad psicosocial.

En Paraguay, junto a la OPS/OMS, la AECID fomenta con proyectos la participación de las personas con trastornos mentales y/o discapacidad psicosocial “en el proceso de formulación de políticas públicas, promoviendo sus derechos y libertades.